Soy de la idea que los entornos personales de aprendizaje sólo pueden ser construidos, y funcionar como tales, cuando se da una considerable motivacion intrinseca. Es lógico pensar que la personalización y la autonomía en la gestión de los aprendizajes deban corresponderse con la identificación, el interés o la gratificación que éstos puedan provocar.
Una hipótesis para contrastar: la curva motivacional en los alumnos suele ser alta durante los primeros niveles de la educación, desciende estrepitosamente en la secundaria, volviendo a ascender en los niveles post-obligatorios, especialmente en la formación profesional y los estudios universitarios.
La razón de ello podría estar dada por la integración en medios de socialización espontáneos y gratificantes durante la escuela primaria; etapa en la que los vínculos emocionales suelen impregnar las dinámicas de aprendizaje, y las fronteras entre la tarea y el juego suelen difuminarse.
En la secundaria, el refuerzo de los estilos académicos, propiciados por la presencia de profesores especialistas, con escasa formación (y vocación) pedagógica, provoca un progresivo desplazamiento y sustitución de las motivaciones intrínsecas por las motivaciones extrínsecas. Las razones para asistir a clase se asientan sobre todo en la búsqueda del aprobado, o en evitar la reprobación o el castigo de los adultos (familia y profesores).
A esto cabe añadir las características propias de la etapa adolescente, tales como el esfuerzo por tomar distancia del mundo prescriptor de los adultos, la necesidad de afirmación personal en la búsqueda de diferencias respecto de la etapa infantil, la construcción de una identidad personal en la relación con sus iguales (grupo de amigos), y el distanciamiento (y a veces enfrentamiento) con las personas adultas. La distancia entre lo que se hace en el Instituto, y lo que realmente se desea o se hace porque provoca placer, con frecuencia es abismal.
Es probable que esta situación se revierta en los estudios superiores. La vida universitaria integra niveles de socialización más amplios y participativos; además de que las razones para participar en ella surge de decisiones tomadas con un mayor grado de autonomía. Los jóvenes suelen estar en las aulas “porque quieren” o porque respecto de sus intereses vitales tiene sentido estar allí.
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